Gobierno Bolivariano
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A 52 años de su desaparición, la Clase Obrera
y Trabajadora honra legado de Alberto Lovera


:: Alberto Lovera es recordado este miércoles por todos los militantes de la izquierda venezolana

Prensa Inpsasel (18-10-2017).-

Hace 52 años, cuando Alberto Lovera se dirigía a su casa, luego de salir de una reunión del Partido Comunista de Venezuela (PCV), nunca se imaginó que ese día no vería a su esposa María del Mar y a sus pequeños hijos, Alberto Enrique y Yanira; tal como lo hacía todos los días luego de su labor política en el PCV, organización en la cual militaba desde 1940, cuando llegó al estado Zulia, procedente de Juan Griego, Nueva Esparta; para trabajar en los campos petroleros.

Ese 18 de octubre de 1965, Alberto Lovera había sostenido una reunión en el edificio “San José” en Las Acacias con sus compañeros del PCV, ente partidista del cual era Secretario del Comité Político-Militar; y mientras se dirigía a su vehículo con su característico caminar pausado, debido a una cojera que lo aquejaba desde niño debido a que cayó de un árbol en su natal Juan Griego, sintió que era observado, pero hizo caso omiso a sus sospechas y abordó su vehículo, un Mercedes Benz, color azul; lo encendió y tomó camino a su casa.

Sin embargo, minutos más tarde fue interceptado, a la altura de la plaza “Las Tres Gracias”, por otro vehículo del cual se bajan varios funcionarios de la Dirección General de Policía (Digepol), ente de seguridad político en los primeros años de la IV República; y es sometido y trasladado –según contaron testigos que se encontraban en los alrededores de la plaza- en su propio auto hasta las instalaciones de la Digepol en Los Chaguaramos.

Según contaron algunos presos, recluidos en las celdas de la policía política, Alberto Lovera fue visto por la mayoría de ellos; así como su vehículo fue avistado en el estacionamiento de la Digepol por vecinos de Los Chaguaramos que vivían en las cercanías del organismo policial.

Cinco días después, el 23 de octubre de 1965, Lovera es trasladado al Retén Planchart, ubicado en Puente Mohedano; y ahí también es visto por varios reclusos, que declararon posteriormente como testigos y fueron firmes al afirmar que vieron a Lovera algo golpeado y aporreado.

Pero al parecer, a la dirigencia política gobernante de Acción Democrática, parecía no convenir tener a Lovera en Caracas, y lo trasladan días después –no se sabe con exactitud cuándo y cómo- al Campo Antiguerrillero de Cachipo, Estado Monagas, donde los militares que allí se encontraban se negaron a recibirlo debido al estado físico deplorable que presentaba la humanidad de Lovera.

Y al parecer no les quedó otra opción que, debido a las fuertes torturas de la cual había sido objeto y de lo que representaba su figura para los revolucionarios y comunistas venezolanos de los años 60, asesinarlo y desaparecer su cuerpo; que apareció en las aguas adyacentes a las playas de Lecherías, en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui; al enredarse, de manera fortuita, en la atarraya de un pescador de la zona llamado José Salazar, quien de inmediato comunicó el hallazgo al resto de los vecinos, quienes se encargaron de llamar a la prensa.

Al sitio llegaron el reportero fotográfico, José Ramón Bello, y el periodista Argenis Marcano, quienes laboraban en el diario “El Tiempo”. Ambos movieron el cuerpo con la ayuda de los pescadores, y luego de hacer las respectivas fotos, se dirigieron a la Policía Técnica Judicial (PTJ), y unos detectives de este organismo de seguridad realizaron la inspección y levantamiento del cuerpo, que estaba desnudo, hinchado, sin pelos; y la cara, las manos y los pies se encontraban destrozados.

Además, el cuerpo tenía alrededor del cuello una cadena gruesa, un pico y un candado (con el fin de que el cuerpo no saliera a flote), metodología aplicada por los cuerpos represivos de la época para desaparecer cadáveres de los perseguidos políticos, que eran reprimidos y torturados hasta quedar sin aliento. Al no ser reclamado el cuerpo, las autoridades locales lo enterraron en una fosa común del cementerio de Barcelona

¿Dónde está Alberto Lovera?

Mientras todo esto sucedía, la esposa de Alberto Lovera, María del Mar Álvarez, denuncia la desaparición del dirigente político y comienza una inalcanzable búsqueda por estaciones policiales y hospitales del país, a la vez que contacta al diputado de Vanguardia Popular Nacionalista, José Vicente Rangel, quien solicita a finales de 1965 un derecho de palabra en la cámara de diputados del extinto Congreso Nacional para denunciar el caso, pero es censurado y un mes después es que le permiten hablar en el parlamento.

Por su parte, la esposa de Lovera seguía indagando sobre el paradero del dirigente político, hasta que escucha la aparición de un muerto, cuyo cuerpo aún no estaba descompuesto, en las playas de Lecherías, y al cual le habían puesto el mote de “El Ahogado”. Ante esto, con un nudo en la garganta, se trasladó hasta Barcelona en enero de 1966, y ya en el lugar se dirigió hasta el cementerio de la ciudad oriental, donde habló con un sepulturero, quien le indicó donde estaba la fosa común en la cual se encontraba enterrado el cuerpo no identificado.

María del Mar le solicitó a un grupo de trabajadores del cementerio que hicieran en la fosa un trabajo de cemento y colocaran una cruz con el nombre de Alberto, con la finalidad que no se llevaran el cadáver. Para el 3 de marzo de 1966, luego de varias investigaciones, el cuerpo fue exhumado, y para el lunes 7 de marzo la PTJ reconoció que las huellas dactilares tomadas al cadáver eran de Lovera.

Para el 22 de marzo, tras varias interpelaciones en el entonces Congreso Nacional, y gracias a la labor realizada por el diputado José Vicente Rangel, es ordenada otra exhumación del cuerpo, y aunque se pretendió volver a enterrar el cadáver, la viuda se opuso; y luego de una larga jornada de más de 12 horas, el cadáver de Alberto Lovera fue sacado del cementerio de Barcelona y trasladado a Caracas donde fue enterrado el 23 de marzo en el Cementerio General del Sur.

¿Quién fue el Camarada Alberto Lovera?

Alberto Lovera hijo de Santa Lovera, nace en la Isla de Margarita, Estado Nueva Esparta en la población de Juan Griego el 08 de agosto de 1923, se crió con sus tías en la Calle de Los Muertos, donde transcurre su niñez. Durante sus años de infancia sufre la caída de un árbol mientras jugaba con un grupo de amigos, este accidente le produce una grave lesión en su pierna derecha lo cual le generó una pequeña dificultad para caminar por el resto de su vida, por ello era conocido entre sus amigos como el “Cojo Lovera”.

Desde muy joven estuvo vinculado con la lucha sindical emprendida por los trabajadores portuarios y pescadores del oriente del país, y cuando contaba con unos 14 años se fue en un barco mercante hacia el estado Zulia a trabajar en los campos petroleros, tal como lo hicieron muchos pescadores margariteños y campesinos de diversas regiones del país, quienes se trasladaron al Estado Zulia atraídos por la explosión petrolera.

En los campos petroleros occidentales la lucha sindical de Alberto Lovera toma un giro cuando se incorpora al PCV, y pasa a formar parte de la juventud de esta organización sindical de izquierda con 17 años de edad, erigiéndose como uno de los principales actores y cofundadores de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV).

Gracias a su capacidad política y al empeño que ponía en la labor realizada dentro de la organización política, Lovera es recompensado en 1947 y viaja en representación de la JCV a Varsovia, capital de Polonia; para participar en el Congreso Mundial de las Juventudes Comunistas, realizando allí un excelso trabajo y una magistral intervención cuando, junto a su camarada Jerónimo Carrera, trabajan como voluntarios en la reconstrucción de la ciudad, que había quedado destruida después de la Segunda Guerra Mundial; y como premio el comité organizador del evento lo premian, junto a Carrera, permitiéndole conocer el resto de los países socialistas de Europa.

En 1950 fue junto a Jesús Faría uno de los organizadores de la huelga petrolera, y en 1952 es elegido diputado al Congreso Nacional por el partido Unión Republicana Democrática (URD) debido a que el PCV estaba inhabilitado; sin embargo, no asumió el cargo por el fraude electoral cometido por Pérez Jiménez y alegó que el ganador de esas elecciones había sido Jóvito Villalba. Años después jugó papel importante en el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez al participar dentro de la Junta Patriótica junto a Guillermo García Ponce como organizadores de las actividades clandestinas del PCV.

El 11 de marzo de 1961 participa en el II Congreso del PCV, evento donde se decide la intervención del partido en la lucha armada y en la cual Alberto Lovera es designado Secretario del Comité político-militar del partido, y desde ahí organizará la estructura de combate de los comunistas venezolanos en el campo de la lucha guerrillera de los años 60.

Emblema de los desaparecidos, pero no el único

Según relata Raúl Zurita Daza, en su libro “Víctimas de la Democracia Representativa en Venezuela”, Alberto Lovera fue asesinado por órdenes de JJ Patiño González, director de la Digepol, debido a que no lograron obtener información sobre las finanzas del PCV, que eran manejadas por Lovera; pero la reciedumbre y moral de un dirigente comunista como él, contemplaba primero la muerte que traicionar el legado y trabajo del PCV, así como de la Clase Obrera y Trabajadora.

El caso de Lovera es, junto al de Fabricio Ojeda, uno de los más representativos del terrorismo de Estado aplicado en Venezuela durante los primeros años de la llamada democracia representativa. Sin embargo, fue durante el gobierno de Raúl Leoni (1964-1969) cuando se instaló en el país la figura del desaparecido político, años antes de que se hiciera tristemente común en las dictaduras del Cono Sur.

Alberto Lovera fue uno de los más de tres mil militantes de izquierda que fueron desaparecidos por el gobierno de Leoni y su aparato de “seguridad”, encabezado por el ministro de Relaciones Interiores, Gonzalo Barrios, la Digepol en conjunto y una fiscalía cómplice, dirigida en aquella época por Antonio José Lozada Rivero.

(Juan Carlos Pérez D.)


18/10/2017