Gobierno Bolivariano
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La Constituyente
es un desencadenante histórico


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La convocatoria que hizo el presidente obrero Nicolás Maduro para activar la Asamblea Nacional Constituyente no es producto de la casualidad, es el desencadenante históricos después de 500 años en el que las venezolanas y los venezolanos vivieron colonizados, esclavizados, como bestias de carga, sometidos a la opresión más criminal y abyecta.

Ese desencadenante histórico está justamente enmarcado en la dialéctica en el devenir en ese proceso de liberación, después de  tantas luchas, batallas, de este pueblo hacia el tránsito de una vida digna, incluyente, humanizada en el marco de la justicia social.

"En los grandes procesos históricos, veinte años son igual a un día, si bien luego pueden venir días en que se condensen veinte años", escribió Marx. La táctica del revolucionario debe tener en cuenta, en cada grado de su desarrollo, en cada momento, esta dialéctica objetivamente inevitable de la historia humana; de una parte, utilizando las épocas de estancamiento político que marcha a paso de morrocoy, para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa organizada; y de otro lado, encausando todo este trabajo de lucha hacia la victoria final del movimiento revolucionario, mediante la capacitándose para resolver las grandes tareas del luchador social y así llegar a los días triunfales "en que se condensen veinte años".  He ahí el desencadenante histórico.

Cuando la burguesía conquistó el poder político y estableció sobre las ruinas de la sociedad feudal su modo capitalista de producción, sobre ese modo de producción erigió su Estado, sus leyes, sus ideas e instituciones. Instituciones que consagraban la esencia de su dominación de clase: la propiedad privada. La nueva sociedad, basada en la propiedad privada sobre los medios de producción y en la libre competencia, quedó así dividida en dos clases inequívocas:

1. La poseedora de los medios de producción, cada vez más modernos y eficientes, esto es, la burguesía.

2. Y, la desprovista de toda riqueza, poseedora solo de su fuerza de trabajo, obligada a venderla en el mercado como una mercancía más para poder subsistir, es decir, la clase obrera.

En esos estadios de la historia, rotas las cadenas del feudalismo, las fuerzas productivas se desarrollaron. Surgieron las grandes industrias y fábricas donde se acumulaba un número cada vez mayor de trabajadoras y trabajadores. Las empresas más modernas y técnicamente eficientes iban desplazando del mercado a los competidores menos eficaces. El costo de los equipos industriales se hacía cada vez mayor; era necesario acumular ingente sumas superiores de capital. Una parte de la producción se fue acumulando en un número menor de manos.

Surgieron así los poderosos emporios empresariales y, más adelante, las asociaciones privadas capitalistas mediante cártel, trust, consorcios, etc., según el grado y el carácter de los asociación, controlados por los poseedores de la mayoría accionaria, es decir, por los poderosos propietarios de la industria.

La libre concurrencia, característica del capitalismo en su primera fase, dio paso a los monopolios que concertaban acuerdos entre sí y controlaban los mercados. ¿De dónde salieron las colosales sumas de recursos que permitieron a un puñado de monopolistas acumular miles de millones de la chatarra del dólar? Claro está: de la explotación del trabajo humano. Millones de mujeres y hombres obligados a trabajar por un salario de provisto para subsistencia, para una vida, digna.

Tal explotación y tras el trabajo de la clase obrera, se produjo con su esfuerzo los enormes capitales de los monopolios, de las trasnacionales, etc. Sin embargo, no conformes comenzaron a invadir al mundo, siempre tras el afán de lucro y las ansias de poder; en esta locura dan inicio al apoderamiento de las riquezas naturales de los países económicamente más débiles y a explotar el trabajo humano de sus pobladores con salarios mucho más míseros que los que se veían obligados a pagar a los trabajadores de las propia metrópolis dominantes y colonizadoras.

Se inició así el reparto territorial del mundo. En 1914, 10 o más países imperialistas habían sometido a su dominio económico y político, fuera de sus fronteras, una buena parte de los pobladores de nuestra hermosa Tierra. El mundo quedó repartido y con él sus pueblos, pues, fueron dominados por el asesino capitalismo salvaje.

Hoy esa humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la cual ya han muerto más de una vez. Por lo que queda claro que la Asamblea Nacional Constituyente a la luz de la historia de sometimiento y esclavitud de los pueblos, --repetimos—es un desencadenante histórico.

Veinte años después de la decisión que tomó el Gigante Hugo Rafael Chávez Frías de participar en las elecciones presidenciales de 1998, “ha llegado la hora de un nuevo desencadenante histórico” para que “les abramos camino a 20 años más de revolución”.

El Eterno Chávez, le abrió las puertas a una constituyente: “Tenemos que impulsar un proceso popular constituyente por la vía electoral, pacífica, para refundar la república a través de una asamblea nacional constituyente popular”, afirmó el presidente obrero Maduro.
Ante la decisión de una parte de la oposición venezolana de abandonar el espacio de la política democrática, escogiendo el camino de la violencia y de la intervención extranjera, el presidente Maduro tomó la iniciativa constitucional de convocar a una nueva etapa Asamblearia del proceso constituyente convocado por nuestro Comandante Chávez, desde 1999, como la opción que posibilita una vía electoral en todos los órdenes y que resuelve el problema de la injustificable negación de la oposición a dialogar con el gobierno legítimo y legal de la República.

El objetivo es lograr un nuevo desencadenante histórico, como el ocurrido en 1998, cuando elegimos a nuestro Inmortal Chávez, que le permita a nuestro pueblo seguir el rumbo pacífico de las trasformaciones profundas que necesita nuestra sociedad, dejando de lado las amenazas de golpe de Estado, guerra civil o intervención extranjera.

Estos escenarios que van a darle más vida a nuestro pueblo, en los social, político, económico, cultural, ambiente, incluyendo etnias, a nuestros jóvenes, a nuestras mujeres, hombres, viejitos, niñas, niños y adolescente, entre otras materias de interés nacional, que justamente están enmarcadas en el nuevo desencadenante histórico de la Patria de Bolívar, Zamorana y Chavista. ¡Venezuela es indestructible!.

(Alberto Vargas)


10/05/2017