Gobierno Bolivariano
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Falsos positivos contra Venezuela


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La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela desarrolla en los artículos 57 y 58 la libertad de expresión e información, normas que están enmarcados como Derechos Humanos sin censura previa y en un contexto de información veraz y objetiva.

Estos principios rectores sobre el derecho a la información, están a merced del poder mediático que valora los falsos positivos con el único objetivo de manipular flagrantemente a la opinión pública, bien sea a través de la prensa escrita, radio, televisión, cine, y todo el ámbito de las redes sociales.

Hasta la propia palabra Libertad, Patria, que debía ser venerada y situada en un pedestal, ha sido injuriada, difamada, vilipendiada y convertidas en una parte del macabro juego de intereses políticos y económicos, de acuerdo con circunstancias y siempre bajo el imperativo del poder mediático. Esos poderosos intereses usan la Libertad y la Patria únicamente como expresión de lo que quieren, a expensa del pueblo.

La Unesco al nominar el 3 de mayo como Día de la Libertad de Prensa, es estimable y debiera ser algo más que la retórica de quienes en este mundo dominado por el nudo de la comunicación o poder mediático, estén colocados al margen de la información veraz y objetiva pese a que es un derecho fundamental. Está planteada la necesidad comunicacional ejercidas por mentes críticas para tiempos críticos: el papel de los medios de comunicación debe estar para el avance hacia sociedades más pacíficas, justas e inclusivas, como factor de transformación y paz.

Esta vez la convocatoria de la Unesco llama a que los medios de información frenen los discursos de odio y el extremismo violento.

Cuando escuchamos o leemos toda la mentira que esconde el poder mediático en la frase “libertad de prensa”, nos percatamos de cuán dañina se convierte la prensa que se alinea a los intereses imperialistas para hacer mal, a dañar inmisericordemente al pueblo.

Allí está aquel falso positivo creado por el otrora presidente norteamericano George W. Bush, para “justificar” su invasión y ocupación de Irak. Aquella vez fue la supuesta existencia de armas de exterminio masivo en la nación árabe, mentira que el propio Bush tuvo que reconocer un mes después y justificar su criminal acción con aquello de “falsas noticias de los órganos de inteligencia norteamericanos”. Pero ya era tarde, los muertos en la población civil iraquí se contaban por miles y el país iba quedando destruido como si una bomba nuclear hubiese caído sobre ese territorio.

Lo que pasó entonces es que la gran prensa estadounidense y occidental se montó sobre el falso positivo creado por Bush y la humanidad toda conoció como, junto a los soldados y las bombas, caía sobre la realidad iraquí la más burda campaña mediática montada sobre mentiras.

Allí estaba expresado, en toda su dimensión, el significado de libertad de prensa según los intereses de Estados Unidos.

También está el ejemplo que  es apreciable en el escándalo de los falsos positivos en Colombia, que es como se conoce a las revelaciones hechas a finales de 2008 sobre el involucramiento de miembros del Ejército de Colombia en el asesinato de civiles inocentes, haciéndolos pasar como guerrilleros muertos en combate dentro del marco del combate a grupos armados irregulares que vive el país.

Un ejemplo de hace apenas unos  días, de estos falsos positivos está en la actual administración estadounidense que disparó contra Siria 59 misiles con el argumento de que Damasco había usado armas químicas en su guerra contra el terrorismo. Fue un falso positivo bien montado y hasta Trump creyó que era imposible de desmentir. Pero resulta que desde el 2014 Siria no tiene armas químicas y según investigaciones actuales de un equipo de la ONU, no hay presencia de ninguna arma química en el ejército sirio.

Pero ya el mal estaba hecho y el falso positivo nunca se desmintió por quienes lo enarbolaron con un poder mediático montado con la más moderna tecnología para que pareciera cierto.

La “información veraz y objetiva” que conoció la humanidad es la divulgada en millones de mensajes mediáticos que daban como cierta la existencia de armas químicas y hasta justificaban la acción de los misiles norteamericanos.

Venezuela está en el huracán de los falsos positivos

En esta escalada guerrerista y mediática, Washington trata de encontrar una fórmula creíble para justificar una intervención foránea en Venezuela. Es decir, el imperio yanqui se tuerce por llevar a cabo una intervención militar extranjera en la Patria Bolivariana, Zamorana y Chavista, avalada por los apátridas terroristas que disiente del gobierno democrático que preside el presidente obrero Nicolás Maduro,  electo por el pueblo venezolano.

Con una gran prensa nacional y regional al servicio de los peores intereses extranjeros y de la oligarquía venezolana, se ha montado, a través de la violencia callejera, de actos terroristas que han costado la vida de decenas de civiles y otras acciones criminales como la de prender fuego a un hospital infantil, los llamados falsos positivos que pueden crear confusión en la población y un ambiente internacional adverso a la Revolución Bolivariana, están en plena acción terrorista.

Para ello, el bochornoso accionar de los grandes medios venezolanos y desde Estados Unidos, y alguno que otro país europeo y sudamericano, ha contado, además, con la indecorosa OEA y su jefe de turno, Luis Almagro, que lo apuestan todo a derrotar al gobierno de Nicolás Maduro, no importa las personas que pierdan su vida en actos vandálicos como los actuales.

También Venezuela es víctima de esa “libertad de prensa” en cuyo nombre y con el empleo de millones de dólares, se sataniza al gobierno que lleva adelante planes como Misión Vivienda que acaba de entregar un millón 600 000 casas a familias venezolanas de la población más humilde, o que ha garantizado programas de salud de calidad y gratuitos para toda la población. 

Esa libertad de información, esa libertad de prensa debe ser el freno a esos grandes medios alineados al terror y a la mentira mercenaria que cobra grandes sumas por crear y expandir falsos positivos en países sometidos a la más cruel agresión. La libertad de prensa, ese derecho humano como lo es la libertad de información, no podrá tener día que valga mientras quienes la usan al servicio de poderes imperiales y con la paga de cifras millonarias, montan campañas perversas escondidas tras falsos positivos, continúe criminalizando pueblos sólo porque un día decidieron crearse su propio desarrollo, su propio futuro, su propia vida, sin injerencias ni intervenciones de otros Estados. ¡Venezuela es indestructible!

(Alberto Vargas)


05/05/2017