Gobierno Bolivariano
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El pueblo de Cuba solidario
con Venezuela


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Con una contundente crítica a la Organización de Estados Americanos (OEA), de la que el país fue expulsado en 1962 y donde no quiso regresar en 2009, la Cancillería de Cuba destacó la batalla librada por “los descendientes de Bolívar y Chávez en defensa de la soberanía, la independencia, la autodeterminación y la dignidad de Venezuela y de toda Nuestra América”.

Mediante una declaración, el Ministerio cubano para las Relaciones Exteriores (Minrex) planteó que el combate librado en la OEA “fue por principios, en contra de las intenciones imperiales y oligárquicas de truncar el derecho de los pueblos y los Estados a emanciparse, ejercer su soberanía y darse el sistema político, económico, social y cultural que libremente elijan”. Un conjunto de países intentaron este miércoles 28 de marzo aplicarle a Venezuela la Carta Democrática y suspenderla del organismo, pero fracasaron rotundamente.

La Sala Simón Bolívar que, para escarnio del Libertador Simón Bolívar, ocupa el Consejo Permanente de la decadente y vergonzosa OEA fue testigo ese día del combate de sus descendientes —hijos del Líder Bolivariano Hugo Rafael Chávez Frías—, en defensa de la soberanía, la independencia, la autodeterminación y la dignidad de Venezuela y de toda Nuestra América.

La batalla librada fue por principios, en contra de las intenciones imperiales y oligárquicas de truncar el derecho de los pueblos y los Estados a emanciparse, ejercer su soberanía y darse el sistema político, económico, social y cultural que libremente elijan.

La OEA que enfrentó a Venezuela es la misma que endosó agresiones e intervenciones militares; es la que ha guardado cómplice silencio ante graves violaciones democráticas y de derechos humanos en todo el hemisferio, que incluyen, entre otras, golpes de Estado, desapariciones de personas, detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de estudiantes, periodistas y líderes sociales; desplazamientos forzados causados por la pobreza y la violencia; muros, deportaciones, comercio desigual, contaminación medioambiental, narcotráfico y agresiones culturales.

Es evidente la coincidencia entre la actual agitación de la OEA y aquel 1962, cuando la conjura era contra Cuba. El ministerio de colonias que representa la OEA vuelve a cometer hoy los mismos errores,  nuevamente funcionaron las intensas presiones y chantajes de EEUU sobre un grupo de países, incluyendo los más pequeños y vulnerables; y otra vez se produjo la actitud sumisa de aquellos que prefieren hincarse y someterse, a enfrentar al gigante de las siete leguas.

El papel de verdugo correspondió a un senador y aspirante perdedor al trono del imperio, en las últimas elecciones presidenciales, y quedará para la historia como evidencia de la necesidad de cambiar la relación enfermiza entre esa América y la nuestra.

Se confirma la certeza de que la proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz adoptada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños refleja los principios para tratarnos con respeto y fraternidad entre nosotros, y a la vez el reclamo como países independientes de ser tratados como iguales.

La OEA demostró una vez más su incapacidad para frenar la execrable e histérica postura de su secretario general, al servicio de los centros de poder y en franca violación de la letra y el espíritu de la propia Carta de esa lamentable organización. Con suficiente elocuencia, quedó demostrado cómo el Consejo Permanente intervino en asuntos de la jurisdicción interna de uno de sus Estados miembros, en flagrante quebrantamiento del artículo 1 de la Carta fundacional.

Sin embargo, no logró imponerse al Consejo Permanente una decisión en contra de Venezuela, ni darle continuidad a los intentos de aplicar la Carta Democrática Interamericana a nuestro país, con la finalidad de su suspensión, ni aprobar ningún informe u hoja de ruta mal intencionados e injerencistas, al pretender conculcar principios internacionales sobre la soberanía de los pueblos reconocidos por la comunidad de Estados del mundo.

Se demostró que Venezuela no está sola. Es motivo de orgullo la valiente defensa de quienes colocaron en alto la dignidad latinoamericana y caribeña, y se pusieron del lado de la verdad, la razón y la justicia. La OEA, su secretario general y su dueño, no podrán con la Revolución Bolivariana. Zamorana y Chavista que dirige el indoblegable el presidente obrero Nicolás Maduro Moros, ni con la unión Cívico Militar ni con nuestro pueblo que él capitanea.

Mientras la ignominia y la vergüenza se retorcían en Washington, en Caracas, ese pueblo bravo, el Pueblo Venezolano, cuyos derechos humanos y libertades democráticas fueron enaltecidos por la Revolución que emprendió el Gigante Chávez, respaldaba al Gobierno y celebraba en las calles la victoria de la moral y de las ideas Bolivarianas.

La Revolución Cubana comparó lo ocurrido en esta oportunidad con la conjura contra Cuba en 1962 y sentó posición sobre qué es la OEA hoy: “La OEA que enfrentó a Venezuela es la misma que endosó agresiones e intervenciones militares; es la que ha guardado cómplice silencio ante graves violaciones democráticas y de derechos humanos en todo el hemisferio, que incluyen, entre otras, golpes de Estado, desapariciones de personas, detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de estudiantes, periodistas y líderes sociales; desplazamientos forzados causados por la pobreza y la violencia; muros, deportaciones, comercio desigual, contaminación medioambiental, narcotráfico y agresiones culturales”, cuestionó el Minrex.

Desde La Habana celebraron que la maniobra contra Venezuela fracasara en la sesión del Consejo Permanente de la OEA y fuera nuevamente enterrado el intento de aplicarle al país la Carta Democrática Interamericana y la voluntad de aprobar un informe “malintencionado e injerencista”.

“Se demostró que Venezuela no está sola. Es motivo de orgullo la valiente defensa de quienes colocaron en alto la dignidad latinoamericana y caribeña, y se pusieron del lado de la verdad, la razón y la justicia.  La OEA, su Secretario General y su dueño (en referencia a Estados Unidos), no podrán con la Revolución Bolivariana y chavista que dirige el indoblegable presidente Nicolás Maduro, ni con la unión cívico militar de su pueblo que él encabeza”, concluyó la declaración del gobierno cubano, tras resaltar “la victoria de la moral y de las ideas Bolivarianas”.

(Alberto Vargas)


29/03/2017