Gobierno Bolivariano
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A 98 años del asesinato
de la “Rosa Roja”: Rosa Luxemburgo


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Escribir sobre Rosa Luxemburgo, es enaltecer como debe ser la gallardía de las mujeres del mundo. Luxemburgo le dio alas a la frase, “socialismo o barbarie”,  durante la Primera Guerra Mundial.

Luxemburgo, en un potente panfleto antibélico que escribió en prisión en 1915, lanzó por vez primera la idea de que la humanidad se encontraba frente a la elección entre la victoria del socialismo o el fin de la civilización. La Crisis de la Socialdemocracia Alemana (más conocido como El folleto Junius, titulado así por el seudónimo que utilizaba para evitar la persecución), jugó un papel clave en educar y organizar a una oposición revolucionaria de izquierdas al liderazgo probélico del Partido Socialdemócrata de Alemania.

Rosa Luxemburgo atribuyó el concepto de “socialismo o barbarie”, a uno de los fundadores del socialismo moderno, a saber:

“Engels dijo una vez: ‘La sociedad capitalista se halla ante un dilema: avance al socialismo o regresión a la barbarie’. ¿Qué significa ‘regresión a la barbarie’ en la etapa actual de la civilización europea? Hemos leído y citado estas palabras con ligereza, sin poder concebir su terrible significado. En este momento, basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie. (…) Tal es el dilema de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisión del proletariado. De ella depende el futuro de la cultura y la humanidad.” (Rosa Luxemburgo, “El folleto Junius. La crisis de la socialdemocracia alemana”, 1915).

Hoy recordamos a esta heroína, revolucionaria y de proyección universal. Hace 98 años, la noche del 15 de enero de 1919 en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo,  una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, “la rosa roja”, “la judía”.

Le insultaron con palabras obscenas. Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

“¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!”.

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacia ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

El rostro de Luxemburgo chorreaba sangre, cuando los soldados levantaron el cuerpo. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.

Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribió:

“La Rosa roja ahora también ha desaparecido. Dónde se encuentra es desconocido. Porque ella a los pobres la verdad ha dicho. Los ricos del mundo la han extinguido”.

Pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio.

En el año 1962, 43 años después de su muerte, el Gobierno Federal alemán declaró que su asesinato había sido una “ejecución acorde con la ley marcial”.

Después de una larga investigación oficial se concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte.

Este relato es una muestra de cómo actúa el fascismo y sus derivados como el capitalismo salvaje. Rosa Luxemburgo murió asesinada junto a Karl Liebknecht el 15 de enero de 1919. Su homicidio fue efectuado por los “cuerpos libres”, bandas parapoliciales al servicio del gobierno de coalición entre socialdemócratas y burgueses formado luego de la huida del Kaiser a Holanda poniéndole así fin a la monarquía alemana. Este cobarde asesinato es una muestra más de la podredumbre que dominaba a la socialdemocracia en Alemania luego de la irredimible traición del lastimado socialismo que significó el haber apoyado la carnicería humana que fue la Primera Guerra Mundial. Rosa Luxemburgo fue y es una de las teóricas más brillantes del marxismo revolucionario y una de sus espadas más afiladas junto con Lenin Trotsky.

La única manera de honrar su legado es continuar su lucha infatigable contra el capitalismo y por la liberar a la humanidad de las cadenas de la miseria, la opresión y la explotación. lRosa Luxemburgo fue una águila, como la definió Lenin, pocos días antes de su muerte al calor de los acontecimientos de la revolución alemana de 1919.

(Alberto Vargas)


17/01/2017