Gobierno Bolivariano
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La tragedia de Tacoa pudo haberse evitado


::  Eric Omaña, Ingeniero Mecánico y Asesor en Materia de Seguridad y Salud en el Trabajo de CORPOELEC

 

Después de 34 años la tragedia de la Planta termoeléctrica Tacoa en la que hubo cerca de 180 muertes calcinadas en su mayoría, tanto las víctimas como familiares, siguen envueltos por el manto de la impunidad, aunque la vida no tiene precio, el gobierno copeyano de la época buscó pasar la página para obviar el resarcimiento a las familias que perdieron a sus seres queridos, a pesar de que hubo una averiguación penal que estableció responsabilidades. La justica no fue capaz de actuar con todo el peso de la ley. Al parecer privaron los intereses económicos y el tráfico de influencia.

Los hechos. Al amanecer del día domingo 19 de diciembre de 1982, el barco petrolero “Murachí” (de la otrora empresa petrolera Lagoven, filial de PDVSA) se disponía a descargar 15.000 litros de fuel-oil, combustible necesario para activar la planta. No obstante, uno de los obreros se percató de que existía un punto sobrecalentado; abrió la escotilla, lo cual originó la entrada de aire y por consiguiente el avivamiento de las llamas que alcanzaron al tanque Nº 8 y esto ocasionó la primera explosión que desató una inmensa bola de fuego, que acabó con la vida de los obreros de guardia.

Es lanzada la alerta. Llegaron los  bomberos del entonces Distrito Federal, bomberos marinos del puerto de La Guaira, unidades de intervención de los bomberos aeronáuticos del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Durante la mañana de ese día decembrino, más de cien efectivos combatían el voraz incendio, relevados por bomberos del antiguo Distrito Sucre, Defensa Civil, Guardia Nacional, Policía Metropolitana, técnicos de Petróleos de Venezuela, Electricidad de Caracas, entre decenas de voluntarios.  Periodistas de los medios de comunicación social (radio, prensa y televisión), se apersonaron al lugar del devastador incendio para cubrir las incidencias.

Al mediodía, la situación se daba por controlada. Sin embargo, a las 12:45 p.m., debido al fenómeno de boil-over (acumulación de vapores calientes) se produce la segunda explosión. Fue el momento más trágico, ya que aquí es cuando hay mayor cantidad de víctimas fatales incluyendo policías, bomberos y comunicadores sociales que cubrían las incidencias del devastador incendio.

154 muertes fue la cifra oficial por la tragedia de Tacoa, aunque como ocurre siempre en este tipo de eventos es difícil determinar el número real de víctimas. El lunes 20 de diciembre en horas de la tarde mientras la planta aún ardía y centenares de heridos eran atendidos en clínicas y hospitales, el presidente, Luis Herrera Campins decretó un duelo nacional y prometió una exhaustiva investigación de los hechos para evitar que la tragedia de Tacoa quedara impune; a tal efecto ordenó crear una comisión de alto nivel que debía encargarse de las investigaciones. La comisión debía presentar un primer informe en los siete días siguiente al incendio, el informe sería analizado por los comisarios Eduardo Rojas Ochoa, Eleazar Cuotto Rendón y Pablo Simoza de la Policía Técnica Judicial (PTJ).

Mientras avanzaban las investigaciones, el pueblo se volcó a las calles para rendir un sentido y silencioso homenaje a los hombres y las mujeres que habían perdido su vida, tanto en Caracas como en La Guaira. El sepelio fue acompañado por multitudes. Las más de mil personas que quedaron damnificadas fueron llevadas a refugios en Macuto. Los trabajos de limpieza en los alrededores de la planta duraron varios meses y durante los mismos seguían apareciendo cadáveres.

La Comisión Presidencial presentó el resultado de su investigación el 30 de mayo de 1983 al presidente; pero no fue dado a conocer a la opinión pública sino hasta un año después y de forma parcial. El gobierno alegó que decidió mantenerlo en secreto para no comprometer la decisión del Juez Carlos Soucre, Instructor Especial del caso.

Lo poco que se pudo conocer del informe oficial revelaba la irresponsabilidad de la empresa que para entonces manejaba el suministro de energía eléctrica de Caracas. El informe arrojó lo siguiente: en la planta no había sistemas de detección de incendios, el sistema de distribución de agua fue diseñado sin tomas para los bomberos, las bombas de los sistemas contra incendio estaban oxidadas y fuera de funcionamiento, las vías de acceso a la planta eran muy estrechas, los lectores de niveles de petróleo no servían y por eso estaban los empleados encaramados en el tanque haciendo la medición manual y para colmo se permitió la construcción de viviendas en el perímetro de la zona. El juez penal de La Guaira, Carlos Soucre, determinó que la Compañía Anónima Electricidad de Caracas cometió “gravísimas irregularidades” que ocasionaron el siniestro. La decisión de juez Soucre no contemplaba responsabilidades individuales y el caso pasó al Tribunal Superior XIII Penal, a cargo de la jueza María Teresa Salazar de Rodríguez Corro, quien en diciembre de 1984 dictó ocho autos de detención contra ejecutivos de la compañía por los cargos de incendio, omisión, lo cual se traduce en homicidio culposo, sin embargo, nadie está o estuvo en la cárcel por los muertos de Tacoa.

Justamente, al año siguiente (1983), el ingeniero mecánico Eric Omaña, hoy asesor en materia de seguridad y salud en el trabajo de Corpoelec,  formó parte de la comisión ministerial que investigó a Tacoa, la cual presentó un informe técnico en el que analiza y diagnostica el descomunal incendio de la antigua Planta termoeléctrica.
En ese sentido, Omaña, al ser consultado acerca de la tragedia, dijo:

“En primer lugar, la comisión presidida por el PTJ, Lugo Lugo, generó una matriz de opinión para desviar los resultados de la investigación y permitirle a la jueza Rodríguez Corro desechar el concepto de omisión en el establecimiento de la responsabilidad de los directivos de la empresa, todo esto en referencia a la primera explosión que causó dos fatalidades; en la segunda explosión, la causante de la gran tragedia, contribuyen las variables impericias e imprudencia, ya que los bomberos ni los funcionarios de la empresa sabían a lo que se enfrentaban: el fenómeno de boil-over (acumulación de vapores calientes), lo cual produjo una erupción equiparable a un volcán”.

Por otra parte, precisó Omaña: “Tacoa es una lección aún no aprendida, porque en general  las empresas públicas y privadas no suelen dar importancia al tema de la seguridad y salud en el trabajo, y para nosotros los prevencionistas y las previncionistas, estemos o no en el Inpsasel, de lo que se trata es de estudiar estos casos en profundidad y hacer los correctivos correspondientes para evitar nuevas tragedias como la de Tacoa”.

(Alberto Vargas)


29/12/2016