Día Mundial de la Tierra

El 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra se instauró este día para crear una conciencia común a los problemas ambientales como la superpoblación, la producción de contaminación y la conservación de la biodiversidad. Su objetivo es resaltar la importancia del uso responsable de los recursos naturales de la Madre Tierra, así como de una educación ambiental.

Las Naciones Unidas, reconocen que la Tierra y sus ecosistemas son el hogar de la humanidad. Asimismo, afirman que para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Tierra. Es por esto que se decidió designar esta fecha 22 de abril como el “Día Internacional de la Madre Tierra”.

Luego de estas acciones, para el año 1972, tuvo lugar el primer convenio sobre el medio ambiente “La Cumbre de la Tierra de Estocolmo”, cuyo principal objetivo es que los líderes mundiales se sensibilizaran sobre la magnitud de los problemas ambientales.

En 1990 se celebró por primera vez el Día de la Tierra a nivel internacional. Más de 200 millones de personas participaron en las actividades programadas sobre el medio ambiente. En este momento la población comienza a darse cuenta de la importancia que tiene para el ser humano el medio ambiente. Desde ese momento son numerosas las manifestaciones a favor de la conservación de la Tierra, con más de mil ONG´s de todo el mundo y más de 140 países unidos para conseguir un mismo fin.

En el año 1995, tuvo lugar el XXV Aniversario del primer Día de la Tierra. Este año fue clave para evaluar los daños ambientales ocurridos en los últimos 25 años.

La proclamación del día 22 de abril como el Día Mundial de la Tierra, supone el reconocimiento de nuestra existencia en el planeta así como la responsabilidad que implica promover la armonía con la naturaleza y nuestro planeta.

Los retos que enfrenta la humanidad en defensa de la Madre Tierra

El neoliberalismo lo han lanzado a los cuatro vientos como un modelo de desarrollo sustentable, sin tomar en cuenta que no es otra cosa que hambre, miseria, desempleo, pobreza crítica, en suma es la muerte a costa de la supervivencia del capitalismo salvaje; de la misma manera, es sinónimo de autodestrucción, niega toda forma de vida y es deshumanizador.

Algunos umbrales del neoliberalismo. Desde los años 50 hasta 1984 la producción de alimentos superó al crecimiento de la población. Desde 1984, viene ocurriendo lo contrario. Durante la década del 90 la producción de alimentos aumentó 0,5% anual, y la población sigue creciendo un 1,4% al año en todo el mundo. Está a la vista que el futuro que tiene ante sí  la humanidad no es nada provisorio.

De otro lado, la naturaleza es el mayor obstáculo para el devenir del modelo capitalista, y no puede ser tratada como adversaria o enemiga. El capitalismo está realmente ciego ante los peligros ecológicos (el calentamiento global, por ejemplo) su compostura es que mientras menos se hable de él, mejor. No admite que somos parte de la naturaleza en la que existen cualquier cantidad de especies, y una sola de éstas está minando nuestra hermosa Tierra: el hombre en su egoísmo, afán de lucro y ansias de poder.

El aire, el agua y el suelo bienes gratuitos, o casi gratuitos, no son reconocidos ni se calcula su valor en función de su deterioro. El capitalismo que no es el estado natural de la naturaleza, está contenido en un mundo físico y finito; la biosfera es dada y sus recursos no se pueden ampliar; su capacidad de absorción no se puede aumentar, una vez dañada no vuelve a las condiciones iníciales.  El depredador capitalismo transforma aporte de energía, sin importar el daño ambiental, liberando en la biosfera al contaminante dióxido de carbono.

El capitalismo es un sistema abierto que actúa criminalmente en un sistema cerrado. El mundo es finito y no infinito como nos no han hecho creer. Algunos de estos umbrales amenazantes son conocidos: la desaparición de la capa de ozono, el cambio climático, escases de agua para la vida, alimentación, colapso de las zonas pesqueras, y otros por el estilo. El 70% de la población mundial vive ya en zonas donde el agua escasea.

El agua es el recurso más indispensable del mundo, “el oro azul” comenzó a escasear. 80 países donde vive el 40% de la población mundial están padeciendo la escasez de agua; mientras que 9 países tienen el 60% de todos los recursos mundiales del agua potable. Tanto el acceso al agua como el de la alimentación se han convertido en un factor que limita gravemente la existencia humana.

Desde 1940 la población se ha triplicado y el consumo de agua se ha cuadruplicado. La única fuente nueva de agua es dejar de derrocharla. Algunos están arreglándoselas con agua sin tratar, lo que prevé el regreso del cólera y otras pandemias. El futuro contempla guerras por el agua. Un análisis de los suministros disponibles deja ver que de los 200 principales sistemas fluviales del mundo, 150 lo comparten 2 países, y los otros 50 entre 3 y 10 países.

La humanidad está amenazada y el modelo capitalista no ofrece alternativa ni respuestas, se ha hecho imposible en su inoperatividad para satisfacer las necesidades más primarias del género humano.

Ese proceso histórico de descomposición del capitalismo salvaje deja al descubierto  la justificación científica y dialéctica de que el socialismo, ante la anarquía creciente o la descomposición del asesino régimen capitalista, es la única vía para salvar a la humanidad del mortal neoliberalismo.

Sino desciframos el rompecabezas a tiempo la humanidad colapsará inevitablemente. El único “plan b” con que cuenta el género humano, incluyendo toda forma de vida en nuestra hermosa Tierra, está en la alternativa socialista, por eso es que la democracia necesita al socialismo para que prevalezca la justicia social y en ella la paz como el camino hacía un humanismo envuelto en la mayor suma de felicidad.

Ni un grupo de ricachones ni el conjunto de varias naciones imperialista pueden apropiarse de la vida de los pueblos;  de allí que sea un mandato universal  el hecho de que los pueblos deben luchar y salir del yugo de la opresión, la miseria, muerte, al que han sido sometidos durante siglos. El tiempo se nos agota y, entre tanto, la amenaza apocalíptica crece. Salvemos a Nuestra Madre Tierra.

Prensa INPSASEL

Alberto Vargas